lunes, 28 de febrero de 2011

Hemos vuelto a sacarla....

Hemos vuelto a sacar a la bestia. Cada vez que esta guitarra sale de su funda una gran farra va a tener lugar. Algunos dicen que llegó allende los mares. Otros dicen que el propio Belcebú la mandó fabricar al más gitano de todos los que tenía en el infierno para garantizar la farra por toda la eternidad, pero que el fabricante, como buen gitano que era, se la vendió a un fulano que pasaba por allí.Y que el fulano se la llevó del infierno para subirla a la tierra (el tío sólo proveía de hielo a Satanás, para los cubatas, lo cual era un gran negocio en volumen, todo sea dicho de paso). Cuando la sacó de su funda la primera vez se dió cuenta de su poder, ya que estuvo de fiesta cuatro días y la mujer lo echó de casa. En vez de apenarse por ello, nuestro hombre de hielo (ya os digo que fabricaba cubitos) le dijo a su mujer frígida (era la socia mayoritaria de la empresa) que por fin había descubierto su papel en el mundo, y que le fueran dando. Entonces se cuenta que tiró la funda en algún sitio desconocido (con la misma lamprea) y emprendió una vida de tarambana, que duró hasta que a los dos meses murió de cirrosis, complicada por una paliza mortal que los gorilas de Satán le propinaron por llevarse la guitarra del infierno. Y es que el diablo estaba enfadado. Primero, porque el fulano que le traía el hielo para los cubatas hacía dos mese y cuatro días que no aparecía. Segundo, porque algún capullo le había comprado la guitarra farrera al gitano (entonces el angel caído no conocía que el capullo era el heladero). Tanto se enfadó que se cuenta que al gitano lo torturó machando y estirando las partes nobles del pobre infeliz hasta el punto en que pudo hacer un bolso de buen tamaño para la Sra Satanás (se dice que cabían tres pares de zapatos y una bicicleta de montaña dentro) del "saquito de las bolas", y con el pellejillo del "aparato" se hizo un cinturón para él. Y todo lo estiró sin cortarlo antes, y con el gitano vivito y... sin colear nunca más, pobrecito. Ahora se dice que pena por el infierno totalmente loco, y que dice a todos aquellos malditos que lo quieren oír que es un ángel caído del cielo, y que por eso no tiene sexo.
Nunca más se pudo encontrar la funda de la guitarra, así que todos los siguientes dueños fueron vistiéndola poco a poco con pegatinas para que no tuviera frío (tened en cuenta que los farreros de pro se lo gastan todo en fiesta -que diría Pocholo-, así que no había para comprar fundas, pero las pegatas suelen ser gratis).  Pero al poco tiempo se daban cuenta de su poder y se la endosaban a otro minifarritas que luego se convertía en farrero mayor, que al darse cuenta de su poder se la pasaba a otro, y así sucesivamente. Pero la maldición no cesaba para aquellos por cuyas manos pasaba nuestra guitarra, pues Belcebú seguía el rastro de la guitarra que añoraba, eliminando de distintas maneras horribles a todo aquel que la hubiera poseído. Se dice que el propio Jimi Hendrix la poseyó y por eso Luzbel lo castigó. Se dice que Hendrix se la había dejado poco antes de morir a Jim Morrison y que por eso el Leviatán lo castigó también. Hay rumores de que Morrison, con la lamprea, se la olvidó en el metro de París, donde un monje jesuita la encontró. El jesuita era uno de esos religiosos buenos y conocedores de los entresijos de la verdadera fe, como buena prueba de ello os diré que había sido declarado hereje y expulsado de la iglesia por el propio Pablo VI, y la primera vez que tocó la guitarra notó su poder maléfico. Pensó y pensó en cómo podría erradicar la maldad de la guitarra, y tras meses de largas meditaciones se dio cuenta de que no había nada malo en la guitarra, dado que la fiesta no es algo malo de por sí. La maldición era que el Maligno la buscaba, así que le puso la pegatina del Cristo de los siete mares santos en el clavijero, y se fue en busca del diablo para devolverle la guitarra. El diablo al ver la guitarra se alegró mucho, pero cuando se fijó en la pegatina del clavijero le dió un entripado, se le puso un ojo choco y le salieron quince almorranas... De esta manera, suplicóle al (ex) monje que se la llevara lejos de allí, que no quería verla más. Y se acabó la maldición. Y siguió la fiesta.
Y un día mi bro se encontró con el jesuita, que estaba demacrado y con una resaca descomunal, y como vio que había el pobre perdido hasta la ropa, le regaló una camiseta de Centoloman, y el (ex) monje, agradecido, le dio a cambio la poderosa guitarra, advirtiéndole antes de su gran poder, y de que la utilizase sólo en grandes eventos. Todo gran poder implica una gran responsabilidad, le dijo, así que no desperdicies su poder en fiestas de mierda.
Y así, una o dos veces al año, mi Bro saca la guitarra en una fiesta meritoria. Esta vez el motivo no era nada nimio. La despedida de soltero del hombre. Pero eso ya os lo contaré otro día (lo que se pueda, claro). Simplemente admirad la belleza de la creación del gitano:


Cuidaros, herman@s.
 



1 comentario:

Cristina dijo...

Muy chula la guitarra, si señor, a ver si me invitais a alguna fiestuqui con horario infantil y que salga la guitarra, que mientras mi costillo la oía tocar, yo cuidaba al vástago en casita...